
Con un fútbol brillante Universidad de Chile goleó 3 a 0 a Liga de Quito y es el campeón de la Copa Bridgestone Sudamericana en la última edición.
Para conseguir el primer título internacional de su historia la Universidad de Chile se basó en la solidez de conjunto y en los destellos de calidad del goleador de la Copa Bridgestone Sudamericana, Eduardo Vargas, quien brilló al anotar 11 goles y consagrarse como el máximo anotador en una edición del certamen que se creo en 2002. El delantero anotó el primero y el último -el argentino Gustavo Lorenzetti- para guiar al equipo chileno a la gloria continental ante un Liga de Quito que nada pudo hacer ante el poderío azul.
Golpeó de arranque
Los universitarios evidenciaron que, hoy por hoy, son el equipo más en forma de Sudamérica y no dieron ninguna opción al Liga de Quito, que llegaba a Santiago con el marcador del choque de ida en contra por 0-1. Si los entrenadores habían visualizado los primeros instantes del choque, sus ideas se fueron al traste a los tres minutos, el tiempo que tardó la U en marcar el primer gol. Matías Rodríguez colgó un balón al área desde la derecha y tras un rebote, el balón quedó manso cerca del punto de penal, a los pies de Eduardo Vargas. Muy fácil para el ariete, que tiene pólvora en las botas, y que conectó un disparo con la zurda que entró raso por la izquierda del guardameta.
El local parecía decidido a noquear a la Liga de Quito en el primer asalto de la contienda y a los 7 minutos de juego Francisco Castro se plantó solo ante el portero Alexander Domínguez, que resolvió el mano a mano con una buena atajada. El conjunto ecuatoriano era incapaz de capear el vendaval azul. El centro del campo no se encontraba, Hernán Barcos estaba abandonado a su suerte en ataque y la presión asfixiante de la ‘U’ dificultaba la circulación de Liga de Quito.
Con el paso de los minutos, la intensidad inicial se apaciguó, aunque el Liga de Quito ni daba señales de lanzarse en busca de la remontada. Los ecuatorianos, eso sí, mostraron los dientes con un puñado de acciones excesivamente duras, que obligaron al colegiado brasileño a mostrar varias cartulinas amarillas para que el choque se le fuera de las manos.
A falta de juego de posesión, la visita apostaba todas sus opciones a balones aéreos, por si Barcos o Bolaños conseguían sacar petróleo de alguna acción aislada. En el segundo tiempo, los ecuatorianos dieron alguna débil señal de querer tratar con más finura el cuero y trazaron varios pases seguidos, aunque ninguna acción lograba inquietar al arquero Jhonny Herrera, hasta entonces un espectador más del partido.
En el complemento, Liga no pudo torcer la historia
La U, en cambio, seguía llegando con peligro al área del Liga de Quito. A los 6 minutos de la reanudación, una jugada casi calcada a la del primer gol terminó con un tiro de Gustavo Canales que salió rozando el palo izquierdo del arco defendido por Domínguez. Si remontar la final ya era una ardua tarea para el cuadro quiteño, en el minuto 67 se convirtió en una misión imposible tras la expulsión de Jorge Guagua.
El defensor ecuatoriano soltó un manotazo al disputar un balón aéreo con Gustavo Lorenzetti, al que sacaba dos palmos de altura. El colegiado no dudó y le mostró la tarjeta roja. Con uno más, el gol de la tranquilidad se le resistía a la U, especialmente a Canales. El argentino nacionalizado chileno tuvo dos ocasiones claras para anotar, aunque en ambas topó con un magnífico Domínguez.
La puntada final
No pudo hacer nada el arquero en el minuto 79, cuando la U apuntilló a su rival con el segundo gol y empezó a celebrar el título. Vargas desbordó por la derecha y disparó casi sin ángulo. El arquero detuvo el balón, pero el rechace cayó a las botas de Lorenzetti, que desde el borde del área chica, con suavidad, mandó la esférica al fondo de la red. Y cuando el choque parecía visto para sentencia y la hinchada azul celebraba el campeonato, Vargas, el mejor jugador del torneo, protagonizó la puntada final con un gol de museo. El ariete tomó el balón en la línea de tres cuartos, burló a tres defensas que quisieron -y no pudieron- pararlo y definió con maestría ante la salida del arquero.
Después de esa obra de arte sólo quedaba tiempo para que el Estadio Nacional explotara de alegría y jubilo en el primer título internacional para una Universidad de Chile que sabe que este puede ser el primero de muchos logros continentales. ¡Salud campeón!
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